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Animando a Leer
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Mucho mejor si todo el mundo fuera como yo
Esta parece
ser la premisa con que muchas personas andan por la vida criticando
y censurando lo que los demás hacen y dicen.
En las
emisoras de radio, en los espacios que los lectores tienen para
expresarse en los medios escritos, en los foros, en la calle, en
todas partes se escuchan voces de protesta y descontento porque "los
demás no son como yo".
Decimos que
la esencia de la democracia está en la aceptación de la diferencia,
pero qué difícil que los demás sean diferentes, tengan otros
criterios y actúen de manera contraria a la que nos gusta, a la que
preferimos.
De ahí,
tanta pobreza ideológica, tanto sectarismo y tanto
distanciamiento. No sabemos construir con otros, no sabemos producir
síntesis de ideas, de estrategias, de intereses.
La educación
también incurre frecuentemente en esta dificultad. Se espera que
todos hagan lo mismo, de la misma manera, en el mismo periodo, y
mientras más parecido a lo que quiere el adulto, con mejores
resultados.
El debate,
la discusión, parece que siempre debieran terminar con todo el mundo
recostado sobre el mismo lado. De mi lado, por supuesto.
Estamos
desaprovechando magníficas oportunidades para la discrepancia y para
el buen manejo de la diferencia.
Seguir de
amigo de quien actúa diferente a mis criterios, mantener el
intercambio y la búsqueda de formas de encuentro sin que se deba
resignar el punto de vista, salvo que descubra que en los argumentos
del otro hay razones que los míos no estaban considerando, admitir
que en tus actos puede haber coherencia, así no sean los mismos
míos, constituyen formas de aceptación que practicamos poco y nada.
Como la
visión de nuestra propia vida nos es tan clara y comprensible,
actuamos (ojalá) de manera coherente ella, y pensamos que cuando los
demás hacen o dicen cosas que no compartimos, no están aplicando el
mismo principio de coherencia que yo, y los censuramos rápidamente,
implacablemente, lo digamos o no.
Lo cierto:
no sabemos las razones por las que cada persona actúa; no conocemos
las raíces de sus convicciones, sus circunstancias de vida, su
historia, de tal manera que cuando emitimos un juicio descalificador
(juicio y descalificación son casi sinónimos), no solo hacemos algo
inadecuado sino destructivo y nocivo para la necesaria construcción
de subjetividad y de tejido social.
La vida, de
la cual somos parte, nos muestra a cada paso que la variedad y la
diferencia son los baluartes de su permanencia, de su crecimiento y
de su transformación.
Si queremos
apoyar la vida en todas sus manifestaciones deberíamos empezar por
admitir que la mía depende de personas que hacen muchísimas cosas
que yo no sé hacer, que conocen todo lo que yo desconozco, que es
mucho más lo que yo recibo de ellas que lo que ellas reciben de mí.
Así de
simple. Por qué criticar y censurar, entonces, tan fácilmente a
todos los que no son como yo?
Los invito a
todos y a todas a pensar en la posibilidad de una educación
verdaderamente democrática, es decir, verdaderamente defensora y
promotora de la diferencia que deberemos aprender a manejar, a
conocer.
Eso, si
ustedes están de acuerdo, pero no tienen por qué hacer lo que yo les
digo. Solo piénsenlo un poco y elijan libremente lo que crean
mejor. Igual podemos seguir siendo amigos.
JORGE ALBA
escuelasdebuentrato@gmail.com
http://www.eltiempo.com/vidadehoy/educacion/home/opinion-este-pais-seria-mucho-mejor-si-todo-el-mundo-fuera-como-yo_4351478-1
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Publicación
Animando a Leer

Técnicas para animar
la lectura

Autora:Lízette Mantilla Sánchez,
Editorial Magisterio, 2007, pág 138, I.S.B.N
978-958-20-0922-9. Formato 16x21, Colección Aula
Alegre
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