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Periódico Animando a Leer |
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Lizette Mantilla Las Leyendas: ¿Ciertas?
Cierta época me dedique a trabajar como narradora de leyendas y cuentos. Entre muchos de mis recuerdos está el de un niño que se me acercó al terminar de contar una leyenda y me dijo: ¿Es cierta esa leyenda?, traté de evitar reponder.
Y volvió a preguntar con mayor insistencia – ¡Es verdad!, ¿el Chullachaqui existe?-
Qué podía contestarle. Había vivido años atrás en plena selva, y todo me indicaba por experiencias vividas con los nativos que la leyenda era cierta.
Y por tercera vez, volvió a preguntar: ¿Es cierto?
Ante tal inquietud, le conté una historia:
"Anochecía. Parpadeaban las primeras estrellas mientras continuaba allí sentada, esperando que ocurriera lo que tanto tiempo había deseado.
De la selva se levantó una brisa agradable y fresca. En ese momento dos murciélagos volaron en perfecta sincronización y pasaron sendas veces alrededor de mi cabeza sin toparme. Al instante, escuché cantar a un hombrecillo que a lo lejos observé. Era él, tanto tiempo había esperado para verlo. Medía aproximadamente un metro y medio, cojeaba y esa pierna tenía forma de una pata de cabra. Corría de un lado a otro entre los árboles, se reía de mi asombro porque me había quedado perpleja mirándolo.
Se acercó. No tenía mala intención conmigo y eso me tranquilizó, a pesar que era conocido por el pueblo como el demonio que atormentaba las almas de los cazadores.
Me miró y me dijo: Soy el Chullachaqui.
Lo observé con aceptación, y eso le gustó, porque parecía ser que nadie lo había mirado así.
Saqué en ese momento mi cámara fotográfica y se asustó. Se fue corriendo. Me quedé quieta esperando que regresara, pero no lo hizo.
Sentada, contemplaba el amanecer mientras pensaba, cómo haría para que los lectores de mi columna del periódico de la ciudad, me creyeran que había visto al Chullachaqui. Y recordé las palabras de un sabio chamán que me dijo: “La leyenda se convierte en realidad cuando se cree”.
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